Las elecciones en Corrientes dejaron un resultado que golpea de lleno al gobierno de Javier Milei y exhibe los límites de su armado político en el interior profundo. Con un 51,6% de los votos, el radical Juan Pablo Valdés, hermano del actual gobernador Gustavo, se consagró como nuevo mandatario provincial en primera vuelta. Muy por detrás, el peronista Martín “Tincho” Ascúa se quedó con el segundo lugar, mientras que la verdadera sorpresa fue la debacle libertaria: el candidato oficialista Lisandro Almirón quedó cuarto con apenas un 10% de los sufragios, pese al desembarco directo de la “mesa chica” de la Casa Rosada en la campaña.
Demoras y denuncias de transparencia
La jornada estuvo marcada por tensiones desde el inicio del escrutinio. Los primeros datos oficiales recién se difundieron a las 22 horas, con solo el 11% de las mesas escrutadas, una hora más tarde de lo previsto. Esa demora alimentó las sospechas de la oposición, que cuestionó la “falta de transparencia” en la carga de los resultados. “No se entiende cómo en pleno siglo XXI todavía tenemos elecciones que parecen manejadas a puertas cerradas”, señalaron desde el PJ correntino.
A pesar de esas críticas, los radicales no dudaron en salir a festejar. Cerca de la medianoche, Valdés celebraba el triunfo en la capital provincial y lo presentaba como la continuidad de un modelo político que lleva más de dos décadas gobernando Corrientes.

Un experimento fallido para la Casa Rosada
La derrota libertaria fue más que un tropiezo electoral: significó la confirmación de que la estrategia diseñada por Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem no funcionó en territorio correntino. Con un discurso centrado en la “lucha contra la casta” y un armado territorial débil, La Libertad Avanza no pudo disputar ni el segundo lugar, quedando detrás incluso de fuerzas provinciales menores.
El caso de Almirón refleja el desgaste acelerado del proyecto libertario: mientras Milei conserva centralidad mediática, sus candidatos locales muestran enormes dificultades para trasladar ese fenómeno nacional al plano provincial.
El contraste con el radicalismo y el peronismo
Para el radicalismo, el triunfo de Juan Pablo Valdés es la consolidación de un esquema de poder que combina gestión provincial y proyección nacional. “Este resultado reafirma la confianza del pueblo correntino en nuestro proyecto”, dijo el nuevo gobernador electo en su primer discurso.
En el peronismo, en tanto, Martín Ascúa resaltó el avance de su espacio en una provincia históricamente adversa, aunque advirtió sobre las irregularidades del proceso. “Hubo demoras que no se pueden naturalizar. Vamos a exigir garantías en cada elección”, expresó.
El mensaje político
La “paliza inexplicable” contra Milei en Corrientes reconfigura el tablero político: el oficialismo libertario no solo perdió, sino que quedó relegado a la irrelevancia electoral en una provincia clave del NEA. Para la oposición, es la prueba de que el “fenómeno Milei” empieza a chocar contra límites concretos cuando se enfrenta a estructuras partidarias históricas y consolidadas.
En menos de un año de gestión, Milei ya acumula derrotas en las urnas provinciales y ve desmoronarse su aspiración de expandir a nivel federal un modelo político construido desde la centralidad mediática y el marketing digital.
Corrientes, lejos de convertirse en una vidriera para La Libertad Avanza, terminó siendo el escenario de un fracaso rotundo.







