En la reciente cumbre global contra la contaminación plástica celebrada en Ginebra, quedó en evidencia una cruda disputa entre el interés ambiental mundial y las presiones de los grandes productores. Más de 100 países apoyan la inclusión de límites estrictos a la producción y el uso de químicos en los plásticos dentro de un tratado internacional. Sin embargo, Estados Unidos, junto con potencias como China y Arabia Saudita, presiona para que esos puntos clave sean excluidos, buscando mantener el negocio intacto.
Un informe presentado en el encuentro reveló que siete países concentran dos tercios de la producción mundial de polímeros en 2024. China lidera con un 34%, seguida de Estados Unidos con un 13%. Arabia Saudita, Corea del Sur, India, Japón y Alemania completan el podio de los principales fabricantes. Además, sólo 18 empresas controlan más de la mitad del plástico global, entre ellas gigantes como Sinopec, ExxonMobil, LyondellBasell y Saudi Aramco.
La ONU lanzó una alerta contundente: si no se regulan estos procesos, la producción de plásticos podría triplicarse para 2060 y la contaminación aumentaría un 50% para 2040, agravando la crisis ambiental mundial.
A pesar de esta urgencia, solo 96 países apoyan un tratado con metas claras para limitar la producción y contaminación plástica. El resto, muchas veces con peso económico o petrolero, dilatan el acuerdo. La resistencia principal proviene de actores con fuertes vínculos a la industria petrolera, para quienes restringir el plástico implica afectar sectores económicos de enorme influencia y poder.
China y Arabia Saudita enfrentan el dilema de mantener su liderazgo industrial y económico mientras reciben presiones internacionales para sumarse a regulaciones más estrictas. Estados Unidos, con su poderosa industria petroquímica, se mantiene firme en frenar cualquier límite.
La crisis del plástico es una de las mayores amenazas ambientales actuales, que impacta no solo a los ecosistemas marinos y terrestres sino también a la salud humana. La incapacidad de alcanzar un consenso muestra que, por ahora, los intereses económicos pesan más que la urgencia de salvar al planeta.
El futuro del plástico no está definido, pero la batalla por su control continúa con millones de vidas y ecosistemas en juego.
Foto: Ámbito.com






