Donald Trump volvió a colocar el comercio internacional en el centro de la escena con un anuncio que retumba en todo el continente: duplicará los aranceles a las importaciones de acero y aluminio del 25 al 50%. En un acto simbólico en una planta de US Steel en Pensilvania ; territorio clave para las elecciones y luego en su red Truth Social, el expresidente y actual candidato republicano dejó claro que su «América primero» no ha perdido vigor. La medida, sin embargo, no sólo golpea a gigantes como Canadá o Brasil, sino que también impacta de lleno en la Argentina, una economía ya frágil y con pocas fichas en el tablero internacional.
El trasfondo del anuncio es tan económico como político. Trump busca capitalizar el malestar de sectores industriales tradicionales frente a la competencia global, en un contexto donde la recuperación de empleos en el cinturón del óxido sigue siendo una promesa repetida desde 2016. La narrativa es simple: proteger al trabajador estadounidense y reindustrializar la nación. Pero la realidad, como suele ocurrir, es más compleja.
En el corto plazo, el efecto será negativo para los socios comerciales de Estados Unidos, incluidos algunos de sus aliados más estrechos. Canadá, que representa más de la mitad de las importaciones estadounidenses de aluminio, es sin dudas el más perjudicado. Pero para países como la Argentina, que colocaban volúmenes mucho más reducidos, el impacto puede ser proporcionalmente más devastador. El caso de Aluar es paradigmático: con el 40% de su producción destinada al mercado estadounidense, la empresa vio colapsar sus exportaciones tras el primer aumento de aranceles. Pasó de enviar casi 19.000 toneladas en marzo a apenas 370 en abril. La nueva suba al 50% no hará más que agravar ese escenario.
Desde el gobierno de Javier Milei, aún no hay una respuesta oficial. Las conversaciones bilaterales continúan «en estricta confidencialidad», pero el margen de maniobra parece escaso. En un contexto en el que la Argentina acumula fallos adversos en tribunales internacionales el más reciente por USD 716 millones y necesita dólares de forma desesperada, perder mercados de exportación resulta un golpe adicional.
Tenaris, otra firma argentina de peso en el sector, también sufre el golpe, aunque en este caso el daño se traslada a su filial en Texas. Es un claro ejemplo de cómo las cadenas globales de producción, lejos de ser un concepto abstracto, afectan a trabajadores, inversiones y decisiones empresariales concretas. Las barreras que Trump levanta para proteger empresas emblemáticas como US Steel no sólo afectan a competidores externos, sino también a filiales de compañías extranjeras que generan empleo en territorio estadounidense.
Resulta paradójico que, mientras se erigen muros arancelarios, se autoriza la compra de US Steel por parte de la japonesa Nippon Steel. Trump celebró el acuerdo como «monumental», pero sus anteriores declaraciones durante la campaña apuntaban en sentido contrario. ¿Cambió de opinión o simplemente se impuso el pragmatismo? La promesa de una inversión de USD 14.000 millones, con obras de modernización en varios estados clave, parece haber inclinado la balanza.
El discurso de protección nacional choca también con las tensiones crecientes con China. Hace apenas semanas se anunciaban acuerdos provisorios para aliviar la guerra comercial, pero Trump ya acusa a Beijing de no cumplir lo pactado. Las críticas apuntan a la venta de «tierras raras», insumos clave para la tecnología y la defensa, lo que suma un nuevo capítulo a un conflicto que parece lejos de resolverse.
¿Y Argentina? Como suele suceder en la geopolítica de los gigantes, quedamos atrapados en decisiones que no tomamos. Con una economía dependiente de pocas exportaciones industriales y sin margen para nuevas crisis en sectores clave, cualquier movimiento de este tipo genera repercusiones inmediatas. Es momento de que la Cancillería y el Ministerio de Producción actúen con urgencia y estrategia. No para enfrentarse a Washington una batalla imposible, sino para preservar los pocos espacios de exportación que aún quedan y abrir nuevos mercados que reduzcan la dependencia de EE.UU.
El anuncio de Trump no es sólo una medida comercial. Es un mensaje electoral, una jugada política y un recordatorio de que en el ajedrez global, las piezas pequeñas también pueden quedar fuera del tablero.
Foto: CNN Oficial







