Una majestuosa mansión abandonada en Punta Lara, con 113 años de historia, guarda los secretos de un sueño trunco y la opulencia de una época que se resiste a desaparecer.
En el tranquilo paisaje de la costa norte de Punta Lara, partido de Ensenada, se alza el Palacio Piria, una construcción que parece detenida en el tiempo. Esta mansión, con sus 113 años de historia, evoca la grandeza de tiempos pasados, cuando la opulencia y los sueños de grandeza se materializaban en construcciones que desafiaban el paso del tiempo. Sin embargo, el Palacio Piria también es testigo del olvido, de los sueños truncos y de la fragilidad de la memoria.

Un sueño de balneario frustrado
Los orígenes del palacio se remontan a finales del siglo XIX, cuando Luis Castells compró la estancia Punta Lara, una vasta extensión de tierra que abarcaba desde el Parque Pereyra hasta la orilla del Río de la Plata. Castells soñaba con convertir la zona en un balneario, pero su muerte prematura dejó el proyecto inconcluso. Fue su hijo, Luis Castells Uriburu, quien retomó el sueño de su padre y construyó la majestuosa mansión, inaugurada el 25 de mayo de 1910.
Sin embargo, la historia del palacio dio un giro inesperado en 1925, cuando pasó a manos del empresario uruguayo Francisco Piria, fundador del famoso balneario Piriápolis. Piria, un hombre de gustos extravagantes y estudios esotéricos, transformó la mansión en un reflejo de su personalidad. La revistió con lujos como madera tallada, espejos biselados y herrajes de bronce, e incluso construyó un cuarto secreto para su taller de alquimia.
Piria también intentó hacer realidad el sueño de Castells, modernizando las instalaciones y conectando la mansión con La Plata a través del ferrocarril. Sin embargo, su proyecto nunca se concretó, y en 1930 abandonó el lugar, regresando a Uruguay, donde falleció tres años después.
Un monumento histórico en ruinas
Tras la partida de Piria, el palacio nunca volvió a ser habitado. El tiempo y el abandono hicieron mella en su estructura, y su deterioro comenzó. A pesar de su valor histórico y arquitectónico, el Palacio Piria fue declarado Monumento Histórico en 2002, pero nunca fue restaurado.

Hoy, sus paredes descascaradas y sus salones vacíos son un testimonio silencioso de su pasado glorioso. La fachada de símil piedra, la doble escalinata de mármol y la capilla en el último piso aún conservan vestigios de su antigua grandeza. Pero el tiempo y el abandono han hecho mella en su estructura, y el peligro de derrumbe es cada vez mayor.
El Palacio Piria es un recordatorio de una época de esplendor y de un sueño que nunca se concretó. Un lugar que invita a reflexionar sobre el paso del tiempo y la fragilidad de la memoria, y que clama por ser rescatado del olvido antes de que su historia se desvanezca por completo.





