En el corazón de Lituania, donde la historia fluye junto al río Neris, una embarcación silenciosa y solar navega con una promesa: transformar la movilidad urbana sin dejar huella. Se llama Lašiša (salmón, en lituano), y es el primer ferry eléctrico fluvial de Europa. Compacto, elegante y cubierto en un 80% por paneles solares, este barco de cero emisiones ya conecta los barrios comerciales y residenciales de Vilna con sus joyas culturales e históricas.
Un nuevo ritmo para la ciudad
Con capacidad para 32 pasajeros y una velocidad máxima de 7,5 km/h, Lašiša no busca competir con el vértigo del tránsito moderno, sino ofrecer una alternativa serena, eficiente y sostenible. “Puede ser una forma romántica de ir al trabajo o para despejarse después del trabajo”, comenta Polina Ruginiene, vecina de la ciudad. Y no es la única: desde su inauguración, el ferry ha despertado entusiasmo entre residentes y turistas por igual.
Los boletos cuestan apenas 3 euros si se compran online o por aplicación, y 4 euros a bordo. Además de su bajo impacto ambiental, el ferry ofrece wifi gratuito, convirtiéndose en un espacio flotante de conexión, contemplación y movilidad.
Capital Verde, compromiso real
La iniciativa no es casual. Vilna fue nombrada Capital Verde Europea 2025, y el lanzamiento del ferry fue una de las metas clave para honrar ese título. El desafío era ambicioso: construir y poner en funcionamiento el barco en apenas siete meses. “Fue una gran responsabilidad para la ciudad y los ciudadanos”, reconoció Loreta Levulytė-Staškevičienė, directora de JUDU, la empresa pública de movilidad urbana.
El esfuerzo valió la pena. Lašiša no solo representa un hito tecnológico, sino también simbólico: un gesto concreto hacia un futuro urbano más limpio, accesible y armónico con el entorno.
Tecnología que flota (y no vuela)
A diferencia del ferry volador de Estocolmo, que se desliza sobre el agua a gran velocidad, el modelo lituano apuesta por la eficiencia energética y la integración paisajística. Su diseño evita el aquaplaning, lo que reduce el consumo y el impacto en el ecosistema fluvial. Aunque su velocidad fue objeto de debate político algunos la consideraron “demasiado lenta”, el municipio defendió su rendimiento como superior al de embarcaciones similares en otras ciudades europeas.
El proyecto no se detiene en Lašiša. Vilna ya encargó dos embarcaciones adicionales que están siendo construidas en Letonia. La visión es clara: consolidar una red de transporte fluvial eléctrico que complemente el sistema urbano, reduzca la congestión vehicular y ofrezca una experiencia de viaje única.
En un continente donde los ríos han sido históricamente arterias de comercio, cultura y vida, el renacer de la movilidad fluvial con energías limpias marca un cambio de paradigma. Desde el Elba en Alemania hasta los canales de Copenhague, los ferrys eléctricos comienzan a trazar nuevas rutas para las ciudades del siglo XXI.
Vilna, con su modesto pero poderoso Lašiša, se adelanta a la corriente. Y lo hace con una mezcla de innovación, compromiso ambiental y sensibilidad urbana que bien podría inspirar a muchas otras capitales.
Foto: la cara buena del mundo







