La Bombonera necesitaba una noche de esas que vuelven a unir al equipo con su gente. Boca respondió. En un estadio repleto, el Xeneize derrotó a O’Higgins en el partido de ida de los playoffs de la Copa Sudamericana y dio un paso importante hacia los octavos de final. No fue una victoria sencilla ni exenta de momentos de tensión, pero sí una actuación que dejó señales positivas para un equipo que busca recuperar protagonismo internacional. La figura de Leandro Paredes, apenas días después de disputar la final del Mundial con la Selección Argentina, fue determinante en el triunfo.
Desde mucho antes del pitazo inicial se respiraba una atmósfera especial. La Bombonera explotó cuando los jugadores saltaron al campo y el recibimiento marcó el tono de la noche. Boca sabía que debía imponer condiciones desde el comienzo y salió decidido a hacerlo. Con Paredes manejando cada pelota, el conjunto de Rodolfo Arruabarrena monopolizó la posesión y empujó a los chilenos contra su arco.
O’Higgins apostó por esperar, cerrar espacios y salir rápido de contraataque. Durante varios minutos el plan le dio resultado. Boca encontraba profundidad por las bandas, pero le costaba romper el último bloque defensivo. Sin embargo, la paciencia terminó dando sus frutos.
Cada intervención de Paredes levantaba aplausos. El mediocampista jugó con la tranquilidad de los futbolistas distintos. Distribuyó el juego, cambió el ritmo cuando fue necesario y manejó los tiempos de un partido que parecía pedir una dosis extra de jerarquía. Su presencia contagió al resto del equipo y permitió que Boca creciera con el correr de los minutos.
El gol llegó como consecuencia lógica del dominio. Una gran acción colectiva encontró espacios en la defensa visitante y una asistencia precisa de Paredes dejó a Miguel Merentiel de cara al arco. El delantero no perdonó y definió con autoridad para desatar el delirio de las más de cincuenta mil personas presentes en la Bombonera. El grito se escuchó en cada rincón del estadio y también significó un desahogo para un equipo que venía insistiendo sin éxito.
Con la ventaja en el marcador, Boca ganó confianza. Empezó a mover la pelota con mayor velocidad y generó varias situaciones para ampliar la diferencia. Merentiel volvió a inquietar, los laterales pasaron constantemente al ataque y el equipo mostró una imagen mucho más agresiva que en presentaciones anteriores.
Pero O’Higgins dejó en claro por qué llegó hasta esta instancia. En una de las pocas aproximaciones que tuvo logró generar peligro y obligó a una intervención decisiva del arquero xeneize, que respondió con una atajada fundamental para mantener el resultado. Esa acción evitó que el desarrollo cambiara por completo y sostuvo la tranquilidad de un Boca que, por momentos, parecía sufrir más de la cuenta.
El complemento mantuvo el mismo libreto. Boca controló la pelota y buscó ampliar la ventaja, mientras que el conjunto chileno resistió con orden esperando algún error para sorprender. Hubo oportunidades claras para aumentar la diferencia, pero entre la falta de precisión en la definición y algunas buenas respuestas del arquero visitante, el segundo gol nunca llegó.
La diferencia mínima dejó sensaciones encontradas. Por un lado, Boca hizo méritos suficientes para ganar y mostró una versión futbolística convincente. Por otro, la serie quedó completamente abierta y el viaje a Chile promete ser una prueba mucho más exigente. La sensación fue que el Xeneize pudo haber liquidado la historia en su casa, aunque el resultado también refleja que volvió a competir con intensidad en una instancia internacional.
El regreso de Paredes fue otro de los grandes focos de la noche. Apenas 48 horas después de la final del Mundial, el mediocampista dejó de lado el desgaste físico y emocional para ponerse la camiseta azul y oro y transformarse en el conductor del equipo. Su asistencia para el gol y su influencia en el desarrollo del juego explican buena parte del triunfo.
Cuando el árbitro marcó el final, los aplausos bajaron desde las tribunas. Boca ganó el primer capítulo, recuperó confianza y alimentó la ilusión de avanzar a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Todavía queda la revancha en Rancagua y nada está definido, pero el equipo mostró una identidad que hace tiempo buscaba. La Bombonera volvió a ser un escenario de fiesta y el Xeneize dio un paso adelante en el objetivo de volver a pelear por un título continental. La ventaja es corta, pero la ilusión volvió a encenderse.






